Hoy estamos a 30 días exactos de la Maratón. El gran día se ve ya muy cerca y quería expresar lo que han sido estos últimos días.
Después de haber superado la etapa más dura del entrenamiento hasta ahora, en la que ya me sentía agotada, cansada, fatigada y todos los sinónimos posibles... puedo contar lo que estaba sintiendo.
Fue una etapa en la que ya madrugar era lo peor (a veces todavía lo es), donde pararme y ponerme los tenis parecía un suplicio, donde salir a trotar largo era peor que tenerse que tomar un jugo de tomate de árbol en la primera invitación donde los suegros, donde una subidita en alguna trotada se sentía como acercarse a la muerte y la mente ya me empezaba a decir "no voy a poder hacer esto".
Un día me di cuenta de que era el verdadero cansancio físico. Era agotamiento de mis músculos y de mi cuerpo, ya ni me entraba muy bien la comida. Pude darme cuenta porque tuve la gran oportunidad de bajarle al ritmo una semana que estuve fuera de mi casa y 3 días en un sitio tranquilo y aunque seguí corriendo ya no tenía que madrugar, ni ir al gimnasio a sacarme la leche los otros días. Fue un alto en el camino y mi cuerpo me dio las respuestas: había que relajarse y tomársela más con calma para poder seguir. Así que eso hice, llegué recargada y he podido seguir adelante con el entrenamiento, sintiéndome fuerte otra vez y sobre todo FELIZ!
Gracias a Dios tuve esa oportunidad de "parar". No de parar de entrenar, sino de bajarle al ritmo. A partir de ahí tomé la decisión de descansar del gimnasio por este último mes y enfocarme en el entrenamiento. Nadar en vez de levantar pesas y tratar de hacer algo de yoga para estirar los músculos ya tan cansados. Y está dando resultado.
Siento que debe ser natural sentirme como me sentí. Debe ser parte de este proceso, pero lo importante es recobrar fuerzas para seguir y detectar lo que uno debe hacer a tiempo para recomponerse y seguir adelante.
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